
Siendo fiel a mi modo de entender y de vivir la vida, tendríamos que buscar ser felices en nuestros negocios. Creo que es lo que todos perseguimos, pero somos pocos los que nos paramos a reflexionar si eso es lo que realmente tenemos. ¿Por qué? Pues porque no es fácil enfrentarse a los miedos y a las creencias que nos acompañan y nos limitan, y por la influencia de una sociedad aún muy patriarcal y gobernada por las normas. Pero en realidad, sí puedes encontrar ese equilibrio entre tu trabajo y tú. Lo que necesitas es escucharte, tomar conciencia de tu situación actual y de cómo te sientes, y atreverte a accionar hacia eso que quieres cambiar. ¡Es todo un reto, sí, pero se puede! (Te lo digo convencida, porque yo hace años que empecé esa travesía, y me siento muy afortunada y feliz por haberme atrevido a recorrer ese camino).
Mi trabajo como consultora y mentora de negocios, me permite ver que la mayoría de personas empresarias funcionan con el piloto automático desde que crearon su empresa. Y eso las aleja cada vez más de lo que quieren conseguir realmente. Pero claro, supone un esfuerzo ralentizar el ritmo para pararte a reflexionar sobre qué estás haciendo, cómo lo estás haciendo, a qué ritmo, y si las cosas van como tú quieres que vayan en tu trabajo (y de consecuencia en tu vida). Pero invertir tiempo en ti, ¡también es trabajar! Y te lanzo un mensaje incómodo para ayudarte a reflexionar y a reaccionar: tu futuro y tu felicidad son tu responsabilidad. De nadie más, porque sólo tú conoces tu verdad y puedes hacer algo al respecto.
Poner el freno en esa carrera del día a día, significa dejar espacio a poder mirar hacia dentro, de ti mismo y de tu negocio Y no todas las personas están dispuestas a sentirse incómodas y a reconocer que ya no son las mismas que eran hace un tiempo. Porque hacer camino y experienciar, significa que tú evolucionas, que tu empresa tiene necesidades distintas, y que tu entorno cambia. Y con todo eso, es muy fácil perder el foco, la claridad y perderte a ti mismo. Pero es que no hay emprendimiento sin “terapia”.
Por eso nos conviene tener una visión holística de nuestro negocio. Eso significa que, además de darle protagonismo a la estrategia empresarial, hay que darle espacio también al autoconocimiento y la esprititualidad. Porque sin crecimiento personal no hay crecimiento profesional. Esa es la clave para que tu negocio perdure en el tiempo, y para que tú disfrutes de ese viaje.
Esa visión holística es la siguiente.
El conocimiento es necesario para poder gestionar tu negocio de manera más o menos ordenada, y para no cometer errores por los que pagar un precio demasiado elevado.
La estrategia te sirve para elegir lo que te conviene hacer para conseguir tus objetivos y focalizar en poder vivir de tu negocio.
El autoconocimiento te permite adquirir la habilidad de conectarte con tus sentimientos, pensamientos y acciones. Para descubrir quién eres: ¡éste es el máster de la vida! Y tu negocio es un reflejo de ti. Si no te conoces, no encontrarás la manera de vivir de él, ni de ser feliz en tu vida.
Y la espiritualidad es algo interno, ni cuerpo ni mente. Es esa vocecita interior que no habla pero que tú oyes y sientes, mediante la cual encontramos nuestra trascendencia y le damos un sentido a nuestro propósito de vida. Me parece que se merece el papel principal, ¿no crees?
Con esa visión completa vengo a decirte que es muy importante para nuestra salud mental, física y emocional, el también visualizar esa parte más personal que a veces nos cuesta priorizar y reconocer en nosotros mismos. Y es que antes que empresarios, somos personas. Por eso, tú eres lo más importante en tu vida, como yo lo soy en la mía. Yo me lo creo y procuro no olvidarme de ello. La pregunta importante es, ¿y tú?
Y para respetar esa parte más personal e íntima de cada una de nosotros, nos conviene: priorizarnos, no compararnos, respetarnos, reconocernos, valorarnos, cuidarnos, confiar en nosotros mismos y en nuestro potencial, no autoexigirnos tanto y escucharnos más a nosotros que a los demás.
Porque no todos somos iguales, ni tenemos las mismas habilidades ni dones, ni nos sentimos cómodos aplicando las mismas estrategias ni avanzando al mismo ritmo. Y ahí podemos encontrar eso que nos diferencia del resto y nos permite mostrar al mundo parte de nuestra propuesta de valor. Se trata de permitirnos sentir y fluir para escoger qué nos encaja y qué no en nuestro rol como personas empresarias. ¿Y sabes qué pasa cuando te permites y te atreves a hacer eso? ¡Que transformas el sufrir en disfrutar!




