
Avanzando en mi camino profesional y personal, la vida me recuerda constantemente que, en mi negocio, no solo debo poner el foco en el beneficio económico. Sino también en mi bienestar físico, mental y emocional. Porque si yo no estoy bien, eso se refleja en mis finanzas. ¿Por qué? Pues porque no tengo la energía ni la motivación necesarias para trabajar con ese foco, ritmo o intensidad que me permitan generar y conseguir ese beneficio que deseo.
Y la mayoría de veces, lo que yo veo en mis clientes, es que ese malestar que arrastran se debe a la relación de miedo que tienen con sus números. Miedo a no facturar lo suficiente para poder cubrir los costes del negocio, miedo a no poder cobrar el sueldo que quieren, miedo a … tantas cosas más. Pero ojo, ¡es miedo, no odio!
Si ese miedo te sirve para ponerte las pilas y accionar: ok, úsalo y sácale el jugo.
Si ese miedo te sirve para frustrarte, para desmotivarte, para creerte que no lo sabes hacer lo suficientemente bien: Stop
Mi consejo más racional: mira tus números, entiéndelos, dales la atención que se merecen y dedícales tiempo. Porque es tu responsabilidad «cuidar» de ellos. A partir de ahí, lograrás una relación sana (de amor) con tus finanzas, y cambiarán muchas cosas.
Mi consejo más personal: reflexiona sobre qué relación ha tenido tu círculo familiar con el dinero a lo largo de tu vida, porque hay muchas creencias que no son tuyas e influyen en esa relación que tienes tú hoy. ¿Se pueden cambiar? Sí, solo tienes que identificarlas y trabajarlas.
Y ahora me meto en un terreno más delicado que necesita de mucha más consciencia.
También utilizamos el dinero para fines que nada tienen que ver con las finanzas. Sino para regular nuestro humor y amor propio, para temas de dominación y competitividad. Así, a medida que interactuamos con el dinero, se va cargando de significados contradictorios. Y esos significados están vinculados a cómo vemos al mundo y a nosotros mismos. Habla de cuánto nos sentimos merecedores, cuánto valemos, y de qué somos capaces.
El bien más preciado es el tiempo. Lo buscamos. Eso es lo que decimos. Pero luego resulta que vendemos ese tiempo por dinero: vendo parte de mis vacaciones si me las pagan … Y así hacemos un intercambio de salud por dinero: por dinero pongo en juego mi salud. ¿Somos conscientes de eso?
Así que te propongo que te tomes tu tiempo, y pienses qué significa para ti «tener suficiente dinero» o «no tener suficiente dinero». ¿Qué emociones sientes durante esa reflexión?Ahí está el mensaje oculto de tus finanzas.




